Edición artesanal de J. E. Cirlot, Cuando el mito cincela el arte
- Mochuelo Libros
- 28 abr 2024
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 26 jun 2024

Nos satisface presentarles esta bella obra de confección artesanal dedicada a Juan-Eduardo Cirlot, donde participa el investigador y poeta español José Antonio Antón Pacheco, y donde colaboramos los editores de Mochuelo ofreciendo una semblanza sobre Cirlot -a la cual pertenece el extracto intoductorio que hallarÔn a continuación*-.
AdemƔs, en el apartado "Semblanzas cirlotianas de Cirlot" hay tres textos fundamentales del propio autor; todos nos ayudarƔn a conocerlo de una manera personal, desde la honestidad de su pluma.
Los autores como Juan-Eduardo Cirlot son originales en el sentido mƔs poƩtico del tƩrmino: buscan, y de hecho logran, acercarse al punto donde todo lo humano se origina.
Eso debiera bastar para generar interƩs en los lectores Ɣvidos de textos con sustancia y profundidad.
La tirada de J.E. Cirlot, cuando el mito cincela el arte es limitada y se confeccionó en el corazón de las pampas bonaerenses. Fue presentado en Farol, la Feria de Artes y Oficios del Libro, realizada en Cazón en febrero de 2024.
*Introducción al personaje y su bagaje
A Juan-Eduardo Cirlot (Barcelona, 1916- Ćd. 1973) se lo empieza a conocer como poeta, aunque durante su vida parece haber tenido mĆ”s celebridad como un agudo ensayista sobre artes plĆ”sticas y como traductor de decenas de obras en torno a esa inacabable materia ālo cual, indudablemente, le permitió estar al corriente de la escena europea y espaƱola de esas dĆ©cadas-. Pero entonces ya estaba claro que su obra mĆ”xima era su Diccionario de sĆmbolos, original compendio traducido tempranamente a otros idiomas, y reconocido, por ejemplo, por autores de la talla de Herbert Read, investigador ligado al CĆrculo de Eranos.
Luego, sus obras poĆ©ticas, de breves tiradas y hoy carne de bibliofilia, no prosperaron cuantitativamente. Pudo deberse a que fue un poeta extraƱo; extraƱo, al menos, para quien deseara introducirlo en una de esas āgeneracionesā que con mayor o menor tino la crĆtica tiende a agrupar las beldades -o fealdades- estilĆsticas del verso. Y, ademĆ”s, a que no cayó en los facilismos que llenan pĆ”ginas de descripción, a veces poco creĆble, del dolor ajeno. Ya lo dijo Ć©l, su pasión estaba en el āmĆ”s allĆ”ā. Eso lo aleja, como se sugerĆa, de las problemĆ”ticas de su tiempo, y lo ubica junto a exquisitos buscadores de paraĆsos perdidos; de Edades de Oro extintas; de arquetĆpicas amadas salvadas por heroĆsmos hoy inverosĆmiles aunque agazapados en el mito. Y siempre dispuestos a salir.
SĆ, por supuesto, estĆ” cerca de numerosos poetas de diferentes tiempos y latitudes. Por ejemplo, de W.B. Yeats, de William Blake o de Jorge Luis Borges, al cual mencionarĆ” luego en su ensayo JosĆ© Antonio Antón Pacheco como un caso equivalente de creador en el que el arte no se agota en lo estĆ©tico, sino que posee una función metafĆsica y vital[1].
SĆ fue parte Cirlot de Dau al Set,Ā un grupo de artistas catalanes de vanguardia, donde se encontraban Modest Cuixart, Arnau Puig, Joan PonƧ, Joan-Josep Tharrats, Joan Brossa y Antoni TĆ pies -quien justamente ayuda a ilustrar nuestra portada-. Aquellos jóvenes eran cercanos al postismo, al cual, en el propio Diccionario de los Ismos, el poeta-lexicógrafo le destacara la primacĆa del subconsciente, la belleza y la alegrĆa, y lo describiera como un espacio donde no primaba āninguna clase de prejuicios o miramientos cĆvicos, históricos o acadĆ©micos que puedan cohibir el impulso imaginativoā.
 Y también se acercó al surrealismo, a cuyo miembro fundador, André Breton, nuestro poeta le escribió con extrema belleza y extrema sinceridad; gracias a un cÔlido gesto de Victoria y Lourdes, las hijas del creador, aquà podrÔn disfrutar de una misiva de 1956. Asà como de otros dos textos que, creemos, dan una concisa semblanza de la vida y la obra de Cirlot.
Hemos visto en mĆ”s de una oportunidad que a los hombres profundos se los suele āexplicarā, o acaso rebajar, recurriendo al subterfugio de que habrĆan logrado alcanzar la maestrĆa artĆstica por haber desechado otros aspectos fundamentales de la vida diaria. Ā Probablemente se refieran los eruditos a esa vida dedicada a la observación, como Ć©l mismo dirĆ” en āMis espadasā. Pero ello no le impidió pasar una intensa juventud en una Barcelona seguramente mĆ”s real que la actual; Ā ser movilizado en una guerra a partir de la cual muchos espaƱoles, y no sin facilismo, explican sus pesares personales y nacionales; o ser un mĆŗsico prĆ”cticamente profesional, enterado de todo lo que pasaba en la producción musical de alta calidad de su tiempo. Ejecutó mĆŗsica, escribió sobre ella y compuso mĆŗsica. Y se relacionó tambiĆ©n con el musicólogo alemĆ”n radicado por unos aƱos en Barcelona, Marius Schneider, hombre muy avezado en la bĆŗsqueda de lo humano en las expresiones folclóricas. Se ha dicho que a partir de eso Cirlot se propuso la escritura de su Diccionario de sĆmbolos.
Hoy hay debates, y eso es digno de celebración, sobre la fe en Juan-Eduardo Cirlot. Parece ostensible que alguien que se interesara tanto, casi obsesivamente, por esos temas sintiera -o supiera- que ese mĆ”s allĆ” existe y opera en nosotros; que la vida es puro sentido y no carece de Ć©l, como pareciera a algunos que hablan de que la nada reina allende los millones de aƱos que, se supone, nos separan de⦠la nada. Eso, su fe, aparece hermosamente en āMomentoā. TambiĆ©n podrĆ”n leerlo en esta edición artesanal.
[1]Ā AsĆ presenta la idea Antón Pacheco: āTambiĆ©n al argentino se le ha querido ver como la proyección literaria de un material manipulado con una intención simplemente estilĆstica. Esta reducción a un vacuo esteticismo estĆ” muy lejos de la poĆ©tica de Cirlot (y de la de Borges, claro)ā. Esa y otras reflexiones aparecerĆ”n en el apartado āLa poesĆa metafĆsica de J.E. Cirlotā.
