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William Morris estuvo aquĆ­

  • Foto del escritor: Mochuelo Libros
    Mochuelo Libros
  • 22 may 2023
  • 2 Min. de lectura

Sobre la bondad del trabajo y el amor por dos islas


La obra, compuesta por un estudio introductorio y cuatro ensayos suyos, versa sobre las convicciones del autor en torno al arte y el trabajo, pero ademƔs se refiere a su amor por la historia de Inglaterra y las sagas islandesas.


Extracto de la introducción:


La frase que da tĆ­tulo a la antologĆ­a estĆ” inspirada en la firma del pintor Jan van Eyck, a quien, como se verĆ” en el primer ensayo de este libro, Morris toma como un excelente retratista de la bella cotidianeidad de siglos pretĆ©ritos; el artista flamenco firmó una de sus obras mĆ”s famosas, El matrimonio Arnolfini (de 1434), diciendo que ā€œestuvo allĆ­ā€, que habĆ­a presenciado lo que supo retratar. Y el artista inglĆ©s, exultante, sostiene ademĆ”s que viendo sus cuadros se puede ā€œver a travĆ©s de sus ojosā€.

A partir de esa idea, podemos sostener que William Morris estuvo, de alguna u otra manera, en todos esos lugares y momentos de los que habla en estos ensayos; que no se limitó a estar en el taller con sus compaƱeros de arte o difundiendo su mensaje en las inmediaciones de las fĆ”bricas, sino que ademĆ”s ā€œestuvo allĆ­ā€, que viajó con su imaginación a otros siglos, donde pudo escuchar de boca de los escaldos las sagas populares del Norte, o presenciar las invasiones que sufrió la isla que se convertirĆ­a en su Inglaterra. Y, a su vez, podemos tambiĆ©n pensar que, tal como Ć©l sugiriese que hiciĆ©ramos con van Eyck, si nos disponemos a ā€œver a travĆ©s de los ojosā€ del maestro artesano, podemos transportarnos con Ć©l y adentrarnos en sus narraciones. Porque habla con tanto conocimiento y con tanta pasión que al leerlo podemos sentir que lo que nos cuenta es lo que Ć©l mismo pudo experimentar. Y tambiĆ©n sentir que sus escritos son una cĆ”lida invitación a que lo acompaƱemos en sus viajes.

Asimismo, la visión que inspira van Eyck es usada por el autor para oponerla al desinterés por el paisaje que ve en un contemporÔneo suyo, quien se niega a verlo mientras comparten un viaje en tren. En ese pasajero, que simboliza la burocracia, la repetición y el tedio, el artesano ve el producto de siglos de exitoso adiestramiento. Pero, como suele pasar en un autor tan vitalista, el descontento parece alimentarlo e incitarlo a desear ser mÔs claro al expresar su bienintencionada verdad.


ā€œVer a travĆ©sā€ de los ojos de Jan van Eyck, mĆ”s allĆ” del talento que Ć©ste pudiera tener, solo es posible si la voluntad se entrega. Del mismo modo, hacerlo a travĆ©s de los ojos de William Morris requiere de eso, y ademĆ”s de un interĆ©s en la eterna intención de ā€œmejorar el mundoā€ –aun aunque pudiĆ©ramos no compartir su propuesta–. Pero, para que la visión sea completa, Ć©l aƱadirĆ” a su vez una herramienta a la que sacraliza: el arte, el motor de cambio, de regreso a las fuentes de la belleza y la felicidad; y aƱadirĆ” otra que en la llamada posmodernidad es mĆ”s inusual que una mosca blanca: el trabajo digno, tan indistinguible del trabajo libre.


Si este libro le energizara, aunque levemente fuera, alguna que otra concepción sobre el arte, el trabajo o la libertad, también Usted podrÔ decir:


ā€œWilliam Morris estuvo aquĆ­ā€.





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